Pollo al sal

El pollo al sal es un plato sabroso y relativamente sencillo de preparar. La costra de sal permite cocinar el pollo de manera uniforme, manteniéndolo suave y jugoso por dentro. Así es como se hace.

Ingredientes

  • 1 pollo entero limpio (aprox. 500-800 g)
  • 2 kg de sal gruesa
  • 2 claras de huevo
  • Aromas como romero, salvia o laurel (a gusto)
  • Pimienta negra (a gusto)
  • Ralladura de limón (opcional)

Preparación

  1. Precalienta el horno a 200 °C.
  2. En un bol grande, mezcla la sal gruesa con las claras de huevo hasta obtener una consistencia húmeda, que te permita moldearla. Puedes añadir también las hierbas aromáticas de tu elección o la ralladura de limón para dar más sabor a la carne.
  3. Coloca un poco de esta mezcla en el fondo de una fuente para horno creando una capa de aproximadamente 1 cm.
  4. Toma el pollo y, si lo deseas, haz algunos cortes en los muslos para ayudar al calor a penetrar mejor. También puedes insertar dentro del pollo algunas ramitas de romero u otras hierbas aromáticas para aromatizarlo desde el interior.
  5. Coloca el pollo sobre la base de sal en la fuente y cúbrelo completamente con el resto de la sal, dándole una forma compacta de modo que el pollo quede totalmente cubierto. Asegúrate de que la costra de sal no tenga agujeros, de lo contrario el vapor podría escapar durante la cocción.
  6. Hornea en la parte central del horno y cocina durante aproximadamente 60-70 minutos, según el tamaño del pollo.
  7. Una vez cocido, retira el pollo del horno y déjalo reposar unos minutos. Rompe luego la costra de sal, que se habrá solidificado, y extrae el pollo con cuidado para evitar llenarlo de sal.
  8. Limpia bien el pollo del sal residual, córtalo como desees y sírvelo inmediatamente.

El pollo al sal es excelente acompañado con verduras cocidas al vapor o al horno, como por ejemplo patatas, zanahorias o hinojos, que equilibrarán su salinidad.

Curiosidades

El método de cocción al sal es una técnica antigua que permite cocinar los alimentos de forma homogénea manteniendo los jugos y los aromas dentro de la comida. No solo para las aves, sino también para pescados y carnes, esta técnica garantiza un resultado sorprendente y, aunque mantiene el alimento sabroso, no resulta excesivamente salado.