Ñoquis a la romana

Los ñoquis a la romana son un plato clásico del Lazio, en particular de la cocina romana. Se preparan con sémola, que se cocina en leche hasta alcanzar una consistencia densa, luego se deja enfriar, se corta y se hornea.

Ingredientes

  • 250 g de sémola
  • 1 litro de leche
  • 100 g de mantequilla
  • 100 g de parmesano rallado
  • 2 yemas de huevo
  • Sal c.s.
  • Nuez moscada c.s. (opcional)

Preparación

  1. En una cacerola lleve a ebullición la leche con una pizca de sal y, si se desea, una pizca de nuez moscada.
  2. Cuando la leche hierva, vierta la sémola a lluvia, mezclando continuamente con un batidor para evitar la formación de grumos. Cocine la sémola durante unos 10 minutos, hasta que se despegue de los bordes de la cacerola.
  3. Retire del fuego, incorpore las yemas de huevo y unos 50 g de mantequilla, mezclando bien para obtener una mezcla homogénea.
  4. Añada la mitad del parmesano rallado y mezcle.
  5. Vierta la mezcla sobre una superficie de trabajo húmeda o en una bandeja y extiéndala con una espátula o un rodillo hasta alcanzar un grosor de aproximadamente 1,5 cm. Deje enfriar completamente.
  6. Utilizando un cortapastas redondo o un vaso, recorte discos de la sémola enfriada. Puede superponer los recortes y pasar nuevamente el rodillo para utilizarlos todos.
  7. Coloque los ñoquis en una bandeja engrasada con mantequilla, superponiéndolos ligeramente a modo de tejas. Distribuya la mantequilla restante en trocitos sobre los ñoquis y espolvoree con el parmesano restante.
  8. Hornee en horno ya caliente a 200 °C durante unos 20 minutos, hasta que la superficie esté dorada y crujiente.
  9. Sirva los ñoquis a la romana bien calientes, quizás con un poco más de parmesano espolvoreado.

Curiosidades

A pesar del nombre, los ñoquis a la romana no pertenecen a la categoría de los ñoquis clásicos de patata, sino más bien a la de las “pastas al horno”. Su textura suave pero compacta los convierte en un plato sustancioso y reconfortante, especialmente apreciado en los meses más fríos. El gratinado en el horno confiere una agradable costra dorada que contrasta con la suavidad interior.