Spaghettoni con fonduta de Scimudin

Los Spaghettoni con fonduta de Scimudin son un primer plato rico y sabroso que celebra la cocina lombarda. El Scimudin es un queso suave y de corteza florida típico de la Valtellina, que se funde fácilmente, resultando perfecto para una fonduta.

Ingredientes

  • 320 gramos de spaghettoni
  • 200 gramos de Scimudin
  • 50 gramos de mantequilla
  • 100 ml de leche entera
  • Sal al gusto
  • Pimienta negra al gusto
  • Nuez moscada rallada al gusto (opcional)
  • Algunas hojas de salvia (opcional)

Preparación

  1. Pon al fuego una olla con abundante agua salada para cocer los spaghettoni.
  2. Mientras el agua alcanza el hervor, comienza a preparar la fonduta. Corta el Scimudin en cubitos pequeños.
  3. En una cacerola, calienta la leche sin llevarla a ebullición. Añade la mantequilla y los cubitos de Scimudin y deja que se funda el queso a fuego bajo, removiendo continuamente. Si lo deseas, añade un pizca de nuez moscada para aromatizar aún más la fonduta.
  4. Asegúrate de que la fonduta quede homogénea y aterciopelada, sin grumos. Si es necesario, rectifica de sal y añade un poco de pimienta negra recién molida.
  5. Cocina los spaghettoni respetando los tiempos indicados en el paquete para obtener una cocción al dente.
  6. Escurre la pasta reservando un poco de agua de cocción. Viértela directamente en la cacerola con la fonduta de Scimudin y mezcla todo, añadiendo un poco de agua de cocción para ajustar la consistencia si está demasiado espesa.
  7. Si te gusta, puedes enriquecer el plato con algunas hojas de salvia fritas en mantequilla para decorar y dar un toque aromatizado.

Sirve inmediatamente, acompañando con un espolvoreado adicional de pimienta y quizá un vaso de vino blanco lombardo, que pueda equilibrar la grasa del queso.

Curiosidades

El Scimudin puede sustituirse por otros quesos de pasta suave y sabor delicado si no lo encuentras. La salvia frita no solo añade un toque aromatizado sino que también aporta un agradable contraste de texturas gracias a su crujiente. Este plato encierra la esencia de la cocina de montaña y combina bien con un clima frío, ofreciendo una experiencia gustativa reconfortante y calórica.